Se apaga la luz de Vermila: la historia de un sueño español que no pudo ser
Vermila Studios cierra tras un ERE que se lleva por delante a todo su equipo, apenas un año después de que Crisol: Theater of Idols la consagrara como el "Resident Evil español".
Me enteré leyendo una noticia en una web de videojuegos, entre otras diez pestañas abiertas, como se entera uno de casi todo ahora. El titular era seco, de esos que no dejan mucho margen: "el estudio ha cerrado". Y aun sabiéndolo un poco, aun habiendo visto venir las señales, sentí ese golpe en el estómago que no se acostumbra uno a sentir, por muchas veces que se repita esta historia.
Vermila Studios, el estudio madrileño detrás de Crisol: Theater of Idols, ha cerrado sus puertas. Cinco meses después de lanzar el juego, la empresa ha tramitado un ERE que ha terminado llevándose por delante a toda la plantilla. Lo confirmaron los propios trabajadores en redes sociales antes que ningún comunicado oficial: el diseñador Raúl Pernía Alejandro, artistas como Mario Fernández, Martha Cárdenas o Helena Sánchez, gente que llevaba casi una década metida en este proyecto. El propio CEO, David Carrasco, había reconocido hace poco que 19 personas ya habían sido despedidas y que el cierre total era una posibilidad muy real. Al final, lo fue.
El juego que nos hizo soñar
Crisol: Theater of Idols se lanzó el 10 de febrero de este año, publicado por Blumhouse Games. Es un shooter de terror en primera persona ambientado en Hispania, una versión pesadillesca y retorcida de España, en la isla de Tormentosa. Manejas a Gabriel, un soldado atrapado en una misión divina para el dios sol, en un mundo tomado por cultos religiosos y sacrificios de sangre. Y esa sangre es literalmente tu arma y tu vida a la vez: cada disparo te cura o te desangra, según cómo lo mires, y todo el sistema de progresión gira en torno a ese equilibrio.
La crítica lo recibió con cariño de verdad. The Sixth Axis le dio un 9, IGN España un 8, y no pocos medios lo compararon con Bioshock por su ambientación y con Resident Evil por sus mecánicas, algo que en boca de cualquier jugador de survival horror es un piropo enorme. En Metacritic se quedó en 74, una nota que no hace justicia a lo que muchos sentimos jugándolo: por fin un estudio español se atrevía a hacer terror de verdad, con folclore propio, sin disfrazar Hispania de otra cosa para que resultara más vendible fuera.


De hecho, el propio Carrasco ya había contado, antes del lanzamiento, lo difícil que fue encontrar financiación sin tener que diluir esa identidad española del proyecto para encajarlo en fórmulas más genéricas. Consiguieron resistirse a eso. Consiguieron sacar el juego que querían sacar. Y aun así, no fue suficiente.
Lo que no se ve en un comunicado
Vermila nació en 2020, aunque el germen de Crisol venía de 2017, cuando apenas eran diez personas y Embracer los compró casi de inmediato. Se separaron del grupo en 2023, en pleno terremoto de recortes y ventas del conglomerado sueco, y siguieron adelante por su cuenta hasta encontrar en Blumhouse a un editor que sí entendía lo que querían contar.
El juego salió en una ventana de lanzamiento pensada con cabeza, justo antes de Resident Evil: Requiem, para no quedar sepultado bajo un peso mayor. Todo parecía encajar. Y sin embargo, cinco meses después, la crónica se repite: un estudio pequeño hace un juego que gusta, que se defiende bien en crítica y en comunidad, y aun así no sobrevive el tiempo suficiente para intentarlo una segunda vez.
Detrás de las cifras hay gente concreta. Gente que llevaba años dibujando esas tallas religiosas retorcidas, escribiendo los diálogos de Gabriel, ajustando ese sistema de sangre-como-munición hasta que se sintiera bien en las manos. Gente que colgó en redes, uno detrás de otro, mensajes de despedida que dolían de leer aunque no conocieras a nadie del equipo.


Y es que la lista de estudios españoles que consiguen hacerse un hueco fuera de nuestras fronteras no es precisamente larga. Ahí están MercurySteam, con Metroid Dread a sus espaldas; Tequila Works, con Rime y Gylt; Nomada Studio, que nos dejó sin palabras con Gris. Vermila se había ganado, a pulso, un sitio en esa conversación. Verlo desaparecer así, apenas unos meses después de conseguirlo, es perder a uno de los pocos nombres propios que teníamos.
Lo que queda
No sé qué será ahora de todo ese talento disperso. Ojalá se reencuentre en otro proyecto, en otro estudio, con mejor suerte esta vez.
Solo queda esto, a modo de despedida:
A Vermila Studios,
Gracias por Tormentosa. Por una isla que no se parecía a nada hecho antes aquí y que, aun así, sentimos como propia desde el primer minuto, como si ya la conociéramos de antes, de algún sueño que no recordábamos bien. Por Gabriel, por su sangre, por un dios de sol que consiguió que la fe diera miedo de verdad.
Sois pocos los estudios españoles que se atreven a soñar tan alto, y menos aún los que lo consiguen. Vermila lo consiguió. Y os vais casi sin tiempo para disfrutarlo, dejando la sensación de una fiesta que se apaga justo cuando empezaba.
Ojalá esto no sea el final del todo. Ojalá el talento que hizo posible Crisol se reencuentre pronto, en otro proyecto, con otro nombre, con mejor suerte. Aunque sabemos que nunca será exactamente lo mismo, que estas cosas no se repiten dos veces.
Gracias por los pasillos que se construyeron con tanto esfuerzo. Seguirán ahí, en algún disco duro, en alguna memoria, esperando a quien quiera volver a caminarlos aunque ya no quede nadie del otro lado.
Algo duele en el alma cuando un amigo se va. Hoy se va uno bueno.