Never Grave: The Witch and The Curse
Never Grave: The Witch and The Curse es un roguelite con alma propia donde la posesión de enemigos es el núcleo de su jugabilidad. Con un combate dinámico, exploración que recompensa la curiosidad y una progresión de aldea adictiva, el juego logra enganchar desde sus sistemas. Sin embargo, su exigente curva de dificultad puede ser un obstáculo para jugadores novatos, requiriendo paciencia hasta que muestra todo su potencial.
Never Grave: The Witch and The Curse – Análisis
Por Escuadrón Gamers
Cuando Pocketpair hizo que el mundo se rindiera a los pies de Palworld, muchos se preguntaban qué sería lo siguiente que saliera bajo su sello. La respuesta llegó en forma de sombrero maldito: Never Grave: The Witch and The Curse, desarrollado por Frontside 180, es uno de esos títulos que se planta ante ti con honestidad y te dice, sin rodeos, a qué ha venido.
Desde Escuadrón Gamers hemos querido adentrarnos en este mundo y darte a conocer nuestra experiencia con la nueva propuesta de Frontside 180. Más de 15 horas después, podemos decir con certeza que este juego tiene mucho que contar.
Never Grave pertenece a esa estirpe de juegos que cada vez escasea más: los que tienen algo que decir desde su mecánica principal y lo dicen con coherencia.
El sombrero manda
Encarnas a un sombrero de bruja maldito con la capacidad de poseer a los enemigos que pueblan sus mazmorras —no a todos, ojo—. Esto no se siente solo como un recurso más: la posesión es el corazón del juego, y cada criatura que tomas bajo tu mando te abre un abanico distinto de habilidades y estilos de combate. La gracia está en leer el escenario y elegir bien tu siguiente anfitrión, porque solo puedes tener poseído a un bicho al mismo tiempo.
El resultado es un sistema de combate que se siente vivo y que nunca repite la misma receta. Llegar a un jefe con la posesión equivocada puede costarte una muerte, pero llegar con la correcta puede convertir la pelea en algo completamente diferente. Ahí reside buena parte de la satisfacción que ofrece el título.
Exploración que importa
El mapa no es solo relleno. Está diseñado para que quieras volver: secretos que antes eran inalcanzables, una piedra que destaca entre todas las demás, paredes destructibles que albergan sorpresas. Todo esto está pensado para atrapar la atención del jugador más curioso, y aquí también se integra el sistema de posesiones, pues algunas de ellas pueden interactuar con elementos del escenario de formas que no esperas.
Frontside 180 lo hace bien: siempre que aparece una nueva posesión, el propio juego se encarga de mostrarte su potencial dentro de la misma run, sin necesidad de tutoriales forzados. Este tipo de exploración recompensa al curioso, pero castiga al despistado, algo que los fans del género agradecerán enormemente.
Tu aldea, tu refugio
Entre run y run, los recursos que traes de vuelta tienen un destino concreto: la construcción y mejora de tu aldea. Este sistema de progresión no es un mero escaparate de estadísticas; sentir que tu base crece con cada expedición completada aporta una motivación extra para volver al abismo.
La aldea es el lugar donde el héroe debe crecer, y muchas de esas mejoras van ligadas a conseguir nuevos recursos para desbloquear el siguiente punto del árbol que te interesa. Es ese lazo entre la exploración y la recompensa tangible lo que hace que las horas vuelen sin que te des cuenta.
Una dificultad sin contemplaciones
Aquí conviene ser honesto. Never Grave no tiende la mano a los recién llegados al género. Su curva de dificultad exige atención, paciencia y cierta familiaridad con los Metroidvania y los roguelites. Para jugadores veteranos, eso es música para los oídos. Para quienes lleguen sin ese bagaje, el juego puede resultar frustrante en sus primeros compases y ahuyentarlos antes de que la propuesta muestre su mejor cara. No es un defecto de diseño per se, pero sí un aviso necesario.